Cabaret: reinvindicación del arte nocturno.
- nahueltajan
- 21 jun 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 23 ago 2020

Hace un tiempo participé de una exposición de arte visual colectiva en donde presenté una pintura. La muestra refería al cabaret como temática. Para la misma se ofrecía a los participantes si además querían presentar el día de la inauguración algún tipo de performance, discurso, canción, etc, ya que el local albergaba un pequeño escenario. Tenía ganas de pronunciar unas palabras para contar mi experiencia con el cabaret. Al final desistí de hacerlo por varios motivos. Pero de aquello algo quedó.
Podría decirse que vengo del mundo del cabaret. Mi padre era ilusionista de profesión. Mi madre era su partener. Cuando tenían que trabajar de noche aun siendo yo un bebé me llevaban tras bambalinas mientras hacían su show. Mientras me cuidaba alguna bailarina, el pianista de con grandes dientes que me causaban gracia, un cómico. De aquello sólo tengo el recuerdo por lo que me implantaron en el cerebro mis padres. En cambio, no dejo de recordar los olores de artificio de los maquillajes, las texturas las plumas y chalecos, las paletas de colores que escupían como chispazos las lentejuelas. Todo aquello como un mundo de explosiones exuberantes que ocurrían dentro de recintos herméticos. Sin embargo, un humo espeso se te pegaba en la piel y te perseguía cuando salías de allí. El espectáculo una vez que comienza te persigue más allá de las inmediaciones. Porque el espectáculo no es más que la vida misma.
Me gusta la reacción de la gente cuando digo que me criaron entre cabarets y circos. Es exagerado quizás. Lo cierto es que genero una atención suspicaz que me divierte.
En una ocasión un jugador de fútbol argentino declaró a un periodista algo así como que “mi club es un cabaret". Lo dijo de una forma peyorativa. Había mal ambiente en el equipo en el que jugaba y parece que uno de sus compañeros actuaba de informante de un periodista que publicaba el cotilleo interno. Se habían roto los códigos. El cabaret representaba aquello. En Argentina ser una persona “cabaretera” es connotación de ser alguien que le gusta la vida descontracturada, viciada de los excesos de la diversión y los límites. El cabaret históricamente se ha asociado a la noche, el sexo, las drogas, el alcohol, la promiscuidad, al machismo y a sus vertientes artísticas y poéticas. Quizás sea una simple representación simbólica de lo que somos en la otra vida, en esa que se encuentra de la puerta hacia afuera.
Algo que se denomina de baja calaña es una de las posibles definiciones que se me vienen a la mente para denotar este prejuicio. Calaña es algo así como la calidad de la cosa. Significa apariencia, un patrón o un modelo. El concepto suele utilizarse para aludir a la naturaleza o la condición de algo o de alguien. No es una categorización. Es un sustantivo que necesita de adjetivación. Sin embargo en mi país se suele utilizar para describir algo de forma negativa. Se dice que algo es de "baja calaña", que está por debajo de dicha categorización, pero jamás escuché decir que algo fuese de "alta calaña". El lenguaje termina adoptando sus usos más que sus reglas.
Y es curioso porque pensando en las categorizaciones prejuiciosas me di cuenta de que yo actúo muchas veces de la misma manera. En ocasiones cuando digo que soy argentino en alguna ciudad europea por donde suelo moverme, me preguntan si me gusta el fútbol, como si fuera una condición sine qua non del argentino. Cuando se celebra una barbacoa entre amigos estoy condenado a tener que cocinarla como si fuera un experto en asados (de 20 asados que habré hecho en mi vida al menos 7 se me han quemado). Disfrutaba diciendo que no me gustaba para nada el fútbol y que era vegetariano. Otras de las cosas por la que se me asociaba era por el afán de querer ocupar el espacio discursivo de una reunión, cosa de lo que somos conocidos los porteños: de opinar hasta de lo que no sabemos. Soy visto como un bicho raro precisamente por lo escueto de mi habla. Volviendo al fútbol, lo que respondo a la pregunta de si me gusta es: "no es exactamente que no me guste sino que me parece un deporte como cualquiera sin importancia vital más que el del simple divertimento. Lo que detesto del fútbol es el circo que se monta alrededor”. Aquí es donde entra mi prejuicio. La idea del circo como un cúmulo de acciones inconexas y mal intencionadas, como aquella diversión vacua de intelectualismo que no hace otra cosa que distraer las mentes y adormecerlas. Una clara reminiscencia a la idea del "pan y circo" romano. El circo y el cabaret alimentó mi estómago y el buen gusto durante mi crianza. El circo me hizo conocer a tantos personajes maravillosos y me dio a entender cómo funciona el alma de un artista. De alguna manera me ayudó a encaminar mi propia vocación por el arte. De eso se trata, de desmontar prejuicios. Porque es estúpido e irracional y en consecuencia, discriminatorio.
La pintura de El Bosco El jardín de las delicias vemos un varieté de posibilidades aparentemente bien diferenciadas. El cuadro en su totalidad parece un cabaret. Algunos dirían que cuanto más giramos la mirada hacia la derecha más “cabaretero” es el asunto. ¿En qué lugar del tríptico nos gustaría pasar un rato?

A mi no me queda del todo claro, creo que la mejor manera de definirnos es disolviendo los marcos y hacer de la totalidad una gran obra. El Pensamiento binario (sería ternario en este preciso caso) es arcaísmo y destruye toda posibilidad. Se trata de destruir estigmas. Así como conviven en el cabaret las artes, el teatro, la música, la poesía, el circo, propongo pensar con mente cabaretera y revindicar el arte como la herramienta simbólica que nos ayuda a entender la vida dentro de un sinfín de posibilidades y diferencia como algo en común. Hacer del conflicto la virtud.
La propuesta de mi discurso pretendía remarcar todo esto, hacer un alegato en defensa al arte de la noche. Destronar la potencial mirada del objeto femenino dentro del show, el machismo explícito del imaginario latente cuando pensamos en el cabaret, cosa que se vio reflejada en la mayoría de las obras expuestas. Pero también es cierto que pensarlo desde otra perspectiva es por lo menos extraño, ya que el estereotipo y prejuicio constituyen una cosmovisión dura. Así es que propongo encender la llama que, más que quemar lo establecido, ayude a ablandar la materia para poder forjar nuevos panoramas. Esta es mi aportación al mundo del varieté, del que de alguna manera pertenezco.
Mi obra:

Esta es la obra que presenté, hecha previamente a la propuesta expositiva. Por varias razones pensé que sería adecuada para exponer.
Mi obra representa un hecho inquietante y misterioso dentro de otro hecho inquietante y misterioso dentro de otro hecho inquietante y misterioso. Primero: la cabeza de David Lynch como centro. Segundo, la habitación roja de Twin Peaks. Tercero: el cambio de escenario, o la reconstrucción de uno nuevo a partir del existente.
La similitud que veo entre mi pintura y el cabaret es la idea de escenificación de la vida. Como dije, el cabaret es una representación simbólica de la vida y también está enmarcada, coma la obra de David Lynch, por escenarios finitos, cerrados, donde no hay más horizontes que la representación, en donde no existe el sol ni la luna. Donde no sabemos que pasa más allá de esa escenografía, de esas cortinas. El misterio de dos mundos separados pero que se parecen en sus rarezas. Es ese tercer misterio que evoca a un viaje que realicé por China. El misterio de una cultura que nunca puedo terminar por conocer por mayores esfuerzos que haga. Una sociedad imposible de abarcar que parece estar dominando el mundo sin que nos demos cuenta. Me inquieta, como en la pintura, como poco a poco van cambiando la escenografía política del mundo y casi sin darnos cuenta.
En la obra de Twin Peaks observamos un dispositivo social hecho de fantasías donde las polaridades de los personajes remiten todo el tiempo a un dentro-fuera simultáneo. Esto produce una sensación agobiante donde la posición de lo femenino cumple un rol de martirio premeditado y silencioso (La historia de Laura Palmer y el prostíbulo) que solo puede ser visible adentrándose en esos mundos desconocidos pero constituyentes del ser.
Desde aquellos nuevos escenarios paralelos será que podremos enarbolar nuestra nueva sociedad. Y el arte es uno de ellos.
Imágen "el jardín de las delicias" - Wikipedia
Definición de Calaña - www.rae.es
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